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El Matrimonio

Enviado por JP el 28/02/2008 a las 5:47:00 PM
JP
Institución del Matrimonio No hay amor más perfecto que el amor entre un hombre y una mujer que se unen inseparablemente en su forma carnal y espiritual. Ya que si solo fuese espiritual o solo fuese carnal el hombre dejaría de ser digno, por lo tanto dejaría de ser hombre. Cuando se separa el cuerpo y el alma, entonces utilizamos nuestros cuerpos solo como un objeto, un objeto de placer y lo separamos del amor espiritual.

El amor pleno entre un hombre y una mujer se logra solo manteniendo unidos el cuerpo y el alma en forma apasionada, exagerada y exclusiva.

De esta forma el matrimonio se mantendrá unido el uno para el otro, obviamente tratando de alcanzar la santidad como familia.

 

(Genesis 2, 23-25) Entonces éste exclamó: "Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada mujer, porque del varón ha sido tomada."
Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne. Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban uno del otro.

 

Cabeza de Familia Para ser cabeza de una familia es necesario tener una mente muy clara que sea capaz de definir y tomar una postura rígida frente a la defensa de principios.

¿Sumisión o Su – misión? De la mujer o del hombre? La Biblia lo dice

Efecios 5, 22-33

5:22 Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;
5:23 porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.
5:24 Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.
5:25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,
5:26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra,
5:27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.
5:28 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.
5:29 Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia,
5:30 porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.
5:31 Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.
5:32 Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.
5:33 Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.

 

Pregunto denuevo ¿Sumisión o Su – misión? De la mujer o del hombre?

La respuesta es sencilla pero difícil de comprender… R: “Todas las anteriores”

La mujer se somete al hombre por que es su misión seguirlo en conjunto con la familia, es un acto de entrega y de amor infinito, de ese amor espiritual… Esto es así ya que una mujer al ser madre tiene toda la atención puesta en sus hijos indefensos y no en su marido, lo que es bastante lógico… Por lo que el hombre es quien debe guiar a la familia pero con la información suministrada por la mujer. El hombre por defecto es sumiso… es sumiso por naturaleza a las decisiones que pueda tomar la mujer frente a los hijos, ella es la que mas sabe de ellos, ella tiene el privilegio de hacer una maternidad íntegra a la que el hombre no puede. y el hombre solo le queda someterse frente a un tema que simplemente no domina en absoluto. La mujer es la que sabe perfectamente bien las necesidades de la familia y el hombre debe someterse a esas necesidades. Una vez escuché… “El hombre es la cabeza de la familia” y en respuesta a esto alguien del grupo dijo “Pero la mujer es el cuello” Es como el capitán de un buque que guía la embarcación por la información de sus instrumentos y experiencia.  Entonces nos preguntamos ¿Quién guía el barco? El capitán o sus instrumentos?

 

Espero que les guste 

Saludos.

JP

 


amigo mio

Enviado por el 29/02/2008 a las 12:09:35 AM
Juan Carlos

gracias por el post y creo entender la posición de la iglesia al respecto.

Lo entiendo como un tema de igualdad pero también de roles, cada uno tiene una función. Eso es lo que rescato pero creo que es fácil obtener otra lectura. 

....y entre nos....que no lo lea tu señora que sino te llegaaaaaaa!!!!!!!!!!!!




no me llega

Enviado por el 29/02/2008 a las 10:04:00 AM
JP

Hola Juan Carlos, como estas... como estan esas vacaciones,

 Es verdad, como tu dices cada uno tiene sus roles y esto lleva a un orden de la vida en general.

Cada rol es importantísimo, es vital dentro del matrimonio y dentro de la sociedad... cada uno tiene roles distintos y todos los roles son igual de importantes.

Creo que el deber de todo cristiano es santificarse en la vida, ya sea en el trabajo, con los amigos, con el prójimo,  etc... pero creo a mi parecer que lo más importante de todo es llevar a la familia por el camino de la santidad. Esto no significa que todos seremos santos como el Padre Hurtado o Teresita de los Andes, pero si al menos seguir el camino que Jesus nos enseñó y nos enseña día a día.

El ser santo no está reservado solo para algunas personas que de acuerdo a algunas autoridades eclesiásticas mercen ser santos. La palabra santo ha sido mal aplicada desde los comienzos del cristianismo, Dios nos manda a ser santos y el único camino para esto es hacer su voluntad.

El Padre Hurtado y Teresita de los Andes fueron canonizados, por lo tanto ellos son cánones o patrones a seguir, existen miles de personas, matrimonios, familias que si son santos y nadie los ha llamado santos, pero eso no importa  por que la idea es ir por el camino de la santidad y ojalá lograrla pero no tiene importancia que te nombren como santo. Ojalá me entiendan...

Cambié un poco de tema pero en el fondo los roles tanto del hombre como el de la mujer, ya sea por el camino del trabajo, las amistades, los hijos y la familia es hacer la voluntad de Dios y así ser santos.

Saludos

JP


Hola Juan Carlos

Enviado por Maria Elvira el 05/03/2008 a las 11:46:43 AM
Hola Juan Carlos, un gusto conocerte aunque sea en forma "virtual". Respondiendo a tu comentario a propósito del articulo publicado por JP respecto al "El Matrimonio", te cuento no comparto mucho la afirmación "que no lo lea tu señora que sino te llegaaaaaaa!!!!!!!!!!!! , sino que muy por el contrario, comparto hasta la ultima letra de lo expuesto principalmente por que hoy vivimos en un mundo donde hombres y mujeres están en una constante competencia por lograr la igualdad, entendida no solo como "los mismos derechos" ya que esos los tenemos por el solo hecho de haber nacido, sino que también una competencia por lograr igualdad de roles. Es en este punto donde le tema se transforma un punto de conflicto. Dice la Biblia "Hombre y Mujer los creó? y vio Dios que era bueno", al haber diferenciación de géneros, por defecto tenemos diferencias de roles. En un matrimonio, Marido y mujer deben remar por un objetivo común, el cual es lograr llevar a la familia y por lo tanto a cada uno de sus integrantes, por el camino de la santidad, para eso cada cual tiene un rol que cumplir, es por eso que la complementariedad es fundamental. Si ambos cumplimos los mismos roles, ambos abarcaremos los mismos ámbitos y descuidaremos otros. Y como bien dice Juan Pablo, Alguien debe conducir el Buque, pero alguien debe proporcionarle la información necesaria para poder navegar ? Saludos M. Elvira Riesco

jajajaja

Enviado por el 05/03/2008 a las 2:28:38 PM
Juan Carlos

Ok entiendo que no lo compartes y mas porque es una borma pa este gordo y querido amigo....no tenias que saber que nos conocemos y por eso que dije eso.....igual le va a llegar!!!!!!!!.

Un abrazo y gracias por pasar. 


La Familia y el Sexo en la Iglesia

Enviado por el 02/03/2008 a las 10:11:56 PM
Anna Paniagua

Encontr este articulo..dime que opinas...

En los antípodas de la Iglesia actual, San Jerónimo adjudica el pecado original al matrimonio mismo, no al acto sexual

Imposible encontrar en los Evangelios una sola huella de la posterior actitud cristiana contra los peligros de la vida sexual. Tampoco la promoción y defensa de la familia, ni la procreación como virtud del lazo conyugal, tan arraigados en el imaginario social de la modernidad como piedras angulares del cristianismo, encuentran convalidación en los textos sagrados que, hace dos mil años, sentaron los fundamentos filosóficos y religiosos de la Iglesia de Roma.

Al contrario, el Nuevo Testamento y los escritos de los Santos Padres de la Iglesia explicitan y subrayan cómo el cristianismo se fundó en un renunciamiento: no promovió formar familia, recomendó abandonarla y dio su bendición a los que, casados y castos, se abstenían de procrear, viendo en esposos e hijos una traba para el camino hacia Dios.

Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas, y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío (Lucas 14:26).

El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí (Mateo 10:37).

La disyuntiva es absoluta: el Mesías o la Familia

El matrimonio, escribió San Juan Crisóstomo en el Siglo III, es un nido para los pájaros que no pueden volar. ¿Quién puede hacer el camino hacia el cielo trabado por una esposa y una familia? San Pablo extrapola la recomendación de Jesús de renunciar a la familia y le da una forma extrema: mejor que abandonarla es no formarla.

El no casado se preocupa de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor. El casado se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer, está por tanto dividido. La mujer no casada, lo mismo que la doncella, se preocupa de las cosas del Señor, de ser santa en el cuerpo y en el espíritu.

Mas la casada se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido (San Pablo, Epístola a los Corintios I, 7:32/4). En la confrontación paulina entre solteros y casados, la supremacía moral de los primeros no está articulada en torno del sexo.

El matrimonio, entonces, no representaba para los primeros cristianos un bien en sí mismo y mucho menos una realización espiritual. San Pablo lo definió por la negativa: Mejor casarse que quemarse (I Corintios 7:9). El matrimonio es un remedio para débiles, una concesión para que los impulsos de la carne no sean ocasión de pecar.

Antes de que el empuje de la era moderna trastrocara los conceptos cristianos tradicionales sobre la familia y se borrase del discurso de la Iglesia todo vestigio de la disyuntiva entre el reino de los cielos y la institución familiar, el matrimonio fue una figura ambivalente que articulaba una salvación y una perdición.

En los antípodas de la Iglesia actual, San Jerónimo adjudica el pecado original al matrimonio mismo, no al acto sexual: "Eva en el paraíso fue virgen. Pero después que hubo de vestirse en pieles, tuvo origen el matrimonio (...) Debes saber que la virginidad fue concedida por la naturaleza, el matrimonio, en cambio, a raíz de la culpa (...) Aprecio el matrimonio, pero porque hace nacer vírgenes. Las rosas se recogen de las espinas".

La procreación es una respuesta a la muerte, un consuelo para que el hombre, expulsado del paraíso y condenado a morir, pudiera continuarse en su descendencia. Pero ahora que la muerte ha perdido su dominio, existe la forma espiritual de tener descendientes, una clase mejor de nacimientos, el apoyo mejor para la vejez.

La Redención ha instaurado entre nosotros un segundo paraíso: si el pecado original trajo como consecuencia la muerte y ésta el impulso a procrear, Cristo, al habernos redimido de la muerte, ha suprimido la condición de que sólo los hijos permitan un más allá.

San Agustín, quien redujo el sexo a su finalidad reproductiva, desechó ésta como finalidad espiritual: En estos días, verdaderamente, ninguno que sea perfecto en piedad busca tener hijos, excepto espiritualmente. El espíritu procrea hijos liberados de la muerte, hijos del Verbo. Los hijos en la carne no son más que animales, se miden en términos de la vida material. Esa existencia es mera biología, nada tiene de sagrado; esas criaturas son esclavas de la naturaleza, condenadas a repetirse como especie.

La reinterpretación cristiana, que puso el acento del ser humano en el espíritu y no en la biología, se hizo a costa de la exclusión de la carne, fundando una dicotomía radical: podemos ser fecundos de otra manera que los animales sólo si dejamos de serlo.

Con los siglos, la reticencia a procrear se confundió con el repudio a lo sexual. Cuando se impuso la reproducción como finalidad del acto sexual, toda desviación de la misma cobró el carácter de pecado mortal.

Pero el castigo a la anticoncepción no significa elogio de la concepción; la paternidad terrenal no tiene ningún valor, pero es lo único que justifica un acto sexual. Así como la virginidad es preferible al matrimonio, la continencia conyugal es preferible al uso sexual, y la virtud de contenerse supera la de la procreación.

El lugar que ocupan los hijos en este esquema lógico es el mismo que tenía el matrimonio en Pablo. Así como casarse implica una menor entrega espiritual pero es un buen remedio para no fornicar, procrear no tiene en sí mismo ningún valor pero es la única justificación de copular.

Si el recurso del matrimonio es para San Pablo el mal menor de la fornicación, la función reproductiva es para San Agustín el mal menor del sexo conyugal. Ni casarse ni tener hijos exaltan el espíritu.

Es así que, antes del siglo XVI, la Iglesia no alentaba a los cónyuges a procrear. La promoción de la familia cristiana invocada por el catolicismo actual es un producto de la modernidad.

Por Laura Klein

http://www.sindioses.org

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Ana Paniagua: www.creatuweb.ws


Respuesta a Anna

Enviado por el 04/03/2008 a las 12:42:00 AM
JP


Querida Anna y lectores,

Que bueno que pusiste sobre la mesa este post.. y además una excelente lectura de mi evangelista preferido… Lucas… San lucas es extremadamente directo, al grano, sin mucha vuelta, duro, muy radical, racional, serio, claro y transparente…. Corregiré y completaré lo que dice el evangelio y luego seguiré…  

Condiciones del Discipulado (Lucas 14, 25-33)

Como lo seguía mucha gente, Jesús se dirigió a ellos y les dijo:

-Si alguno quiere venir conmigo y no esta dispuesto a renunciar a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, hermanos y hermanas, e incluso a si mismo, no puede ser mi discípulo. El que no carga con su cruz y viene detrás de mi, no puede ser mi discípulo. Si uno de ustedes piensa en construir una torre, ¿ no se sienta primero a calcular los gastos y ver si tiene para acabarla?. No sea que, si pone los cimientos y no puede acabar, todos los que lo vean comiencen a burlarse de él, diciendo: “Este comenzó a edificar y no pudo terminar”. O si un rey esta en guerra contra otro ¿No se sienta antes a considerar si puede enfrentarse con 10.000 hombres al que viene a atacarlo con 20.000?. Y si no puede, cuando el enemigo aún esta lejos, enviará unos delegados para negociar la paz. Del mismo modo, aquel de ustedes que no renuncia a todo lo que tiene, no puede ser mi discípulo. Jesús realiza un acto dramático, con el objetivo de someter a prueba el entusiasmo momentáneo y seguramente poco pensado reflexionado de mucha gente que le quería seguir. En esos momentos la fama y la popularidad de Jesús eran tan grandes que los que iban con él se sentían importantes, ganadores, como cuando el equipo de futbol favorito gana un campeonato y las multitudes van detrás de los vencedores celebrando. Ellos pensaban que pertenecer al equipo de Jesús los honraría ante sus parientes y conocidos

Me llama la atención el empleo de la palabra ODIO que aparece en la “lectura” que encontraste. El lenguaje oriental suele emplear términos fuertes y duros, y dice odiar donde el occidental prefiere emplear vocablos que denotan más bien indiferencia o menor preferencia.

Estamos aquí ante un lenguaje de contraste exagerado, en el cual el aborrecer a todos los familiares no tiene, pues, un sentido literal; sino que denota opciones y preferencias, fundamentalmente allí donde el padre, la madre o algún familiar llegare a interferir en el seguimiento de Cristo o se opusiere al mismo. Yo creo que uno debe seguir el camino que Jesus nos enseñó y si a  algún familiar no comparte esto no por esto hay que rechazarlo ni mucho menos odiarlo, pero si no hay que seguir por el camino de ese familiar… sea quien sea.

La especificación aun también su propia vida. Ubicando el texto en su contexto histórico, se concibe que Lucas entiende que el martirio era una posibilidad constantemente presente para cada cristiano/a. En este punto se cruzan  dos líneas fundamentales de la existencia de la persona creyente: el “instinto” de supervivencia y el seguimiento hasta las últimas consecuencias.

La breve parábola de la torre juega con varios elementos. Una torre es una construcción llamativa, por cierto no demasiado frecuente; y generalmente cumple con una función específica: servir para la vigilancia. No se trata, pues, de un edificio común y corriente, como por ejemplo una casa, es una torre, es muy costosa para esa época, es una gran edificación. El sentarse a calcular los gastos apunta a la dimensión económica del seguimiento. La imagen incluye también la necesidad de llegar a la meta, de acabar, de finalizar una tarea, por ejemplo terminar los estudios universitarios o acabar el colegio, etc…
La decisión de seguir a Cristo exige una reflexión madura y una decisión suficientemente pensada e incluso bien calculada, en lo que se refiere a los riesgos del compromiso. Cabe advertir que esto no tiene nada que ver con la especulación con eventuales “ganancias” o méritos, como si hubiera algún “extra”, un sitio de honor o algún privilegio para las seguidoras y los seguidores valientes. Se trata de una entrega total, que compromete la vida entera y que abarca todas las dimensiones de la existencia. Esta decisión no es fácil de tomar y menos de seguir, es una decisión que es muy extremadamente difícil en todos los tiempos, siempre se está remando en contra de la corriente.

San Juan Crisostomo dijo según tu post ¿Quién puede hacer camino hacia el cielo con una esposa y una familia?....

Respecto de lo que habla San Juan Crisostomo, la verdad nunca lo habia visto, sin embargo si lo que él dice es eso yo podría decir que eso es imposible,  y si lo dijo, entonces esta equivocado o en un contexto que desconozco, ya que Dios dijo: Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella. Esto es totalmente contrario a lo que dice San Juan Crisostomo, me gustaría saber más sobre este santo para poder hablar un poco más de lo que él dice.

Respecto a la Carta de San Pablo a los Corintios 7, 25-40 que no escribiré aca por lo extenso, pero en esta carta explica sin absolutizar absolutamente nada de valorizar muy positivamente  el estado de vida en que parece dejar un mayor espacio de vida a Cristo y de cómo hacer una vida noble y con dedicación plena del señor, hablando sobre los solteros, solteras, viudos y viudas, además habla que no es pecado el casarse o el no casarse.

En el fondo habla de quienes quieren seguir el camino religioso (hombres o mujeres) y de quienes quieren casarse o no quieren casarse y que todos los caminos son buenos mientras esten asistidos por el camino de Dios.

Lo que está en el texto que esta en tu post es solo un pequeño fragmento de un todo, si quieres saber más por favor lee la Primera Carta San Pablo a los Corintios 7, 25-40.

Respecto a lo que mencionas en tu post Mejor casarse que quemarse (I Corintios 7:9). En realidad dice: “Pero si no pueden guardar continencia que se casen. Es mejor casarse que consumirse de pasión” A lo que personalmente le encuentro toda la razón.

No soy tan culto respecto a estos temas pero si me gustan bastantes, probablemente el resto de las cosas que encontraste no tienen ninguna validez muy profunda, me doy cuenta por el tono y forma de escribir de la autora Laura Klein, quizás ella esta buscando alguna forma de atacar o buscando “resquicios”…

No quiero hacer una gran polémica del tema, solo quise escribir referente al sacramento del matrimonio.

Saludos Anna…

JP

 


corrección.

Enviado por el 04/03/2008 a las 6:10:50 PM
Juan Carlos

Estimado Pinky y colega de pega:

 

cito de tu propio texto "El lenguaje oriental suele emplear términos fuertes y duros, y dice odiar donde el occidental prefiere emplear vocablos que denotan más bien indiferencia o menor preferencia."

Error fundamental que "debo" corregir que, de no hacerlo sería como mal interpretar las escrituras de los evangelistas.

1.- Si algo tiene la filosofía oriental es el respeto y tolerancia hacía otras ideas. Es nuestra cultura occidental (formada en parte por la iglesia, recordemos las cruzadas, por ejemplo) la que ha demoostrado intolerancia ante otro tipo de fe y emplee términos extremos.

2.- El punto anterior me permite resaltar un aspecto de las filosofías orientales : la falta de creencias en los extremos. Es muy dificil encontrar a maestros orientales que digan a menudo : esto es malo, esto es bueno, etc. Y por cierto mas dificil es encontrar la palabra odio en sus prácticas. Y cuando emplean palabras extremas hay que verlas dentro de un contexto, así de dificil es encontrar este tipo de palabras en oriente. De hecho mas de alguna vez he recomendado a amigos que lo primero que se deben de fijar en estos gurus de oriente, si es que emplean mucho los términos extremos, si lo ocupan mu a menudo entonces de seguro son falsos. 

La traducción que publico Anna es una traducción de occidentales a un texto occidental. Por lo que valga este espacio para entregar la aclaración a una idea errada mi estminado Pynky (y cuando te vea te voy a dar un par de ostias orientales por disparar pa to partes).

Un abrazo. 







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